22/07/2026
SER FELIZ NO VENDE, Y YO PREFIERO SER FELIZ.
Capaz un poco polémica la frase, pero no puedo dejar de pensar en ella. Hace ya mucho tiempo que el algoritmo de estas redes está regulado para mostrarle a los usuarios más contenido negativo que positivo, que haya algo de lo que quejarse porque eso genera interacción, que indigne así lo ves muchas veces, que moleste así se lo mandás a alguien más.
El foco parece haber dejado de estar en el disfrute, en el goce, en la felicidad aunque eso, a veces, también parece dar bronca. "¿Por qué la otra persona puede/tiene y yo no?" A veces hay respuesta y otras no.
Los creadores de contenido ya casi no muestran realidades sino narrativas y ya no hay personalidades sino personajes. No es por culparlos, si es comprensible que de todo esto se armó un negocio y nadie quiere dejarse el alma propia en el trabajo. ¿Por qué se mostrarían vulnerables ante un público que muchas veces solo busca criticar? ¿Por qué te dirían sus secretos si no conocen los tuyos? ¿Por qué se arriesgarían a caer mal si se gana más dinero cuando te miran más? Hay unos pocos afortunados en las redes cuya personalidad, objetivos e historia son, orgánicamente, entrañables. Muchos de ellos son incluso grandes amigos/as y conocidos/as que me he hecho con los años. Con naturalidad narran sus viajes y un gran público se hace parte de ellos y los acompañan.
Me siento rara en esta atmósfera, porque por un lado pertenezco ya que aquí estoy semana tras semana subiendo mis videos y contando mis aventuras. Sin embargo, como nunca me dio ingresos suficientes ni lo sentí un trabajo, jamás dejé de usar estas redes igual a que como lo hacía hace diez años para mi familia y amigos. Sigo exponiéndome, mostrando, hablando y riendo como si estuviera en plena confianza y a veces, algún comentario estúpido me hace recordar que no es así.
Ya son muchos años de videos, de caminos, de kilómetros, de desafíos superados, de alegrías lloradas y de crecimiento personal grabado en cámara y soltado a la internet. Mirando un poco el entorno pude concluir que, efectivamente, mi personalidad y mi historia no son de esas que se venden masividad o, al menos, no sin perder la autenticidad en el medio. Me costó mucho ser quien soy hoy, así, feliz y tenaz, terca y risueña, que jamás podría entregar todo eso a cambio de visibilidad.
Algunos días, enfrascada en estos pensamientos dejaré de encontrarle sentido a seguir mostrando mi vida y apagaré el interruptor. Por el momento aquí sigo igual que siempre, pero con un listado de amigos y familia cada vez más grande, que ahora llamo "comunidad".