03/06/2026
Todavía queda gente buena por el mundo, que sabe cuidar de quien atiende cara al público.
Ayer perdí ei vuelo de a casa. Mi avión previo llegó tarde a la T4 y ya no pude embarcar. No pasa nada, son cosas que suceden de vez en cuando, sobre todo si vuelas mucho, como yo.
Estaba en la cola, esperando a que me reasignasen en un vuelo para hoy y me mandasen a un hotel para pasar la noche. Es un incordio, si, pero no es el fin del mundo. Y entonces fue cuando pasó.
Un pasajero de mediana edad y bien vestido -no, no sale en la foto- estaba abroncando a la pobre azafata de tierra que le gestionaba su vuelo. Una suma de frustración, cansancio y horas de aeropuerto que le tendría de mal humor, si, pero que no es excusa para tratar mal a alguien que no tiene la culpa de lo que te ha pasado. Y que, además, está tratando de ayudarte.
El hombre estaba siendo tan cruel que cuando llegó mi turno me di cuenta de que la muchacha del mostrador tenía los ojos anegados en lágrimas. Ella tampoco podía más. Le pregunté cómo se llamaba y si quería tomarse un minuto para respirar, que yo podía esperar. Levantó la vista, me contempló durante un momento, confundida y después de musitar un quedo “gracias” se fue a la oficina de detrás.
Las paredes de esa oficina son de cristal esmerilado y pude adivinar cómo se apoyaba en una de ellas y lloraba a rienda suelta con los brazos sobre la cara. Ella también estaba exhausta, cansada y frustrada y por encima tenía que aguantar con buena cara las impertinencias de un pasajero arrogante. Cuando salió, ya más tranquila, me contó que llevaba allí, defendiendo el fuerte, en un largo turno de cinco horas y que aquel tipo maleducado y faltón había sido la gota que colma el vaso.
Así que la moraleja de esta historia es que si os veis en una situación igual o parecida, recordéis que al otro lado también hay una persona, que puede estar llevando un día de mi**da. Que posiblemente no tiene la culpa de esa situación y que no hace falta comportarse como un id**ta para sentirse mejor o liberar la frustración.
Cristina de , si estás leyendo esto, que sepas que eres genial y que haces tu trabajo de fábula. Que no deberías tener que hacer un turno tan largo.
Y que el tipo del mostrador era un perfecto gilipollas.😉