28/10/2026
HOY, EL DOLOR ES DE TODOS. MAÑANA, LA RESPONSABILIDAD DEBE SER DE ALGUIEN. 🖤
Como usuario habitual de la alta velocidad española, quiero expresar mi más sentido pésame a los familiares y amigos de las víctimas del terrible accidente ferroviario.
Uno no puede evitar pensar que cualquiera de nosotros podría haber estado en uno de esos trenes. Un día cualquiera. Un viaje de trabajo, una visita familiar, unas vacaciones o, sencillamente, un regreso a casa.
Personas que salieron de sus hogares sin imaginar que algunas de ellas jamás volverían.
Y familias que han visto cómo sus vidas quedaban destrozadas para siempre.
En momentos así, pocas palabras existen capaces de aliviar semejante dolor. Ninguna explicación, ninguna disculpa y ninguna investigación devolverá a las víctimas lo más valioso que tenían: SU VIDA.
A quienes ya no están, desgraciadamente, poco les importan las causas del accidente o quiénes puedan ser sus responsables.
Pero a los que nos quedamos sí debe importarnos. Y mucho.
Porque tenemos la obligación moral de exigir respuestas. No por venganza, no por oportunismo político, sino por respeto a quienes han perdido la vida y por la seguridad de quienes mañana volveremos a subirnos a un tren.
Y aquí es donde, personalmente, hay algo que me cuesta muchísimo comprender.
Vivimos en un país donde la tecnología permite controlar prácticamente todo.
Se controla electrónicamente si nuestro coche entra en una zona de bajas emisiones, si circulamos unos kilómetros por encima del límite de velocidad, si atravesamos un semáforo en rojo, si estacionamos unos minutos más de lo permitido, si accedemos a una calle restringida o si nuestro vehículo tiene la etiqueta ambiental adecuada.
Hay cámaras que leen matrículas, radares de tramo que calculan velocidades medias, sistemas que registran nuestros movimientos y tecnologías capaces de detectar y sancionar automáticamente infinidad de infracciones.
Para vigilar, controlar y recaudar, parece que la tecnología no tiene límites.
Y, sin embargo, cuesta entender que, con todos los avances tecnológicos disponibles, todavía puedan producirse tragedias ferroviarias de estas dimensiones.
¿No existen sistemas capaces de conocer en todo momento dónde está cada tren?
¿No deberían existir mecanismos de seguridad capaces de evitar una colisión incluso cuando se produce un error humano?
¿No debería ser precisamente la alta velocidad, donde viajan cientos de personas a velocidades extraordinarias, uno de los lugares donde la prevención estuviera por encima de absolutamente todo?
No pretendo anticipar las conclusiones de una investigación que debe ser rigurosa e independiente. Desconozco qué ha fallado y quién, si es que corresponde, deberá responder por ello.
Pero preguntar, exigir explicaciones y reclamar que se adopten todas las medidas necesarias no es buscar culpables antes de tiempo. Es exigir seguridad.
Y cuando las tragedias ferroviarias vuelven a sacudirnos en tan poco tiempo, resulta inevitable que aparezcan preguntas que merecen respuestas mucho más convincentes que las habituales declaraciones institucionales.
Porque no podemos acostumbrarnos a que, después de cada tragedia, lleguen los minutos de silencio, las banderas a media asta, los mensajes de condolencia y las promesas de investigación, para que después la vida continúe como si nada hubiera sucedido.
Las condolencias son necesarias. Las investigaciones, imprescindibles. Pero las medidas que impidan que vuelva a ocurrir son las que verdaderamente honrarán la memoria de quienes han perdido la vida.
Un país capaz de desarrollar tecnologías extraordinarias para controlar a sus ciudadanos tiene que ser capaz de poner esa misma determinación al servicio de protegerlos.
Hoy no es día de enfrentamientos ni de señalar sin pruebas.
Hoy es día de acompañar a quienes sufren, de agradecer el trabajo de los servicios de emergencia y de guardar un profundo respeto por las víctimas.
Pero mañana, y todos los días que hagan falta, será momento de exigir la verdad y las responsabilidades que correspondan.
Porque detrás de cada víctima hay una historia, una familia, unos sueños y una vida que nadie tenía derecho a arrebatarle.
Y porque cualquiera de nosotros, cualquier mañana, podría haber ocupado aquel asiento.
Mi más sentido pésame a todas las familias. Toda mi fuerza para los heridos y para quienes esperan noticias de sus seres queridos.
QUE EL DOLOR DE HOY NO SE CONVIERTA EN EL OLVIDO DE MAÑANA.
Descansen en paz. 🖤